Feli se había venido a Buenos Aires desde Tilcara a estudiar Adm. de Empresas en la UBA y estuvo viviendo 5 años hasta que finalmente se recibió. Se volvió a su añorada Tilcara con un diploma bajo el brazo y un puñado de ideas. Con la convicción también de que quería una vida tranquila, alejada del ruido y la ciudad en constante vigilia.
Por otra parte, Tomi estaba en una situación parecida a la mía. Ambos estabamos con nuestros estudios, él en Filosofía y yo en Cs. de la Comunicación, y no veíamos nuestro futuro empeñado y sacrificado para una empresa que nada tenía que ver con nosotros sino con una sola premisa fundamental: hacer plata. Es por eso que hace tiempo hablabamos de armar un proyecto propio. Cuando le contamos a Feli de nuestra idea de armar cabañas en el Delta, en la localidad de Tigre, le pareció genial, pero nos propuso mudar nuestro entusiasmo hacia Tilcara. Fue así como nació el Hostal Antigua Tilcara: de una sintonía espontánea, pero cuya semilla venía gestándose en el imaginario de los tres.
Yo no se trataba de hacer dinero solamente sino de proponerse una meta y desafiarse; de elegir un lugar agradable, junto con la naturaleza y la cultura; se trataba, sobretodo, de cultivar el valor de la hospitalidad, aquel valor tan respetado por los griegos y que formaba parte de una sus máximas virtudes (areté). Los griegos eran muy cuidadosos con el tema de la hospitalidad porque cualquiera que tocara a su puerta podría ser un dios disfrazado de hombre. Esto era muy común en la mitología griega y en los relatos orales. De alguna manera, aún sin conocerlos, nosotros consideramos que cada huésped es una gran persona que merece recibir el mejor de los tratos y el mejor de los descansos.
Por supuesto que no se dió todo de un día para el otro. Hizo falta tiempo, paciencia y mucha ayuda de parte de nuestras familias. Acá se ve a Juan, padre de Feli, dándonos una mano con las lámparas. Los primeros días de estar en Antigua, habían algunos lugares a oscuras que nadie se animaba a ocupar. Y nadie encendía las lámparas...(como dice el cuento de Felisberto Hernández)
Las jornadas de trabajo se extendían por horas y horas, y algunas veces sin hacer caso a los horarios de almuerzo ni merienda. Tan solo unos mates y unos bizcochos acompañados con clavos, destornilladores y el agradable taladro.
Recuerdo también aquellos interminables días de obra, cuando las habitaciones del piso superior no estaban terminadas y el polvo lo cubría todo.
El hostal sin las ventanas del frente:
Nuestro decorador oficial, Pablito Coquibus (trabaja en Patio Alto Hotel):
Estas son algunas de las fotos del work-in-progress del mural de la habitación familiar. Mechi Bausili, genia del arte, nos lo dedicó con amor.
(versión final)
Las paredes del hostal antes del pintatón (maratón de pintura)
Ahora rosas:
Nuestro primer huésped ! Qué orgullo. Se llamaba Hugo y, pobre, le tocó barrer ese día.
Miles de cosas pasaron en el medio, desde cortes de luz hasta fugas de agua, pero constancia, trabajo y empeño hicieron de Antigua un lugar habitable y listo para recibir a cualquier viajero del mundo.
Los esperamos !
Sitio Web del Hostal



qué emoción hermano
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